"La política con ética es una política para la convivencia" dispara el prestigioso coach ontológico español, una autoridad en la práctica del coaching político.

 

La brújula ha sido ahora y siempre un poderoso instrumento para la orientación que nos proporciona una cuota de seguridad de recorrer un camino acertado hacia donde queremos llegar.

Decimos que los puntos cardinales nos ubican en el espacio, poniendo de referencia el Norte que nos simboliza, ir hacia adelante, avanzando. 

Para este texto quiero hablar de un norte ético que debe ser el que nos guie en el camino de la acción política para transitar hacia el bien común para una ciudadanía que espera de sus políticos respuestas acertadas a sus reclamos y necesidades por siempre existentes en las comunidades que nos toca vivir.

Lamentablemente existen actores políticos que no usan esta brújula ética, que la pierden en el camino o también sucede que sus allegados se la esconden, desvirtuando, debilitando el propósito por el cual llegaron a ejercer la función pública.

El destacado coach político, Juan Vera Gil para referirse a la percepción que existe de la clase política nos dice: “Actualmente hay una bajísima consideración sobre el actuar de los políticos. Yo empezaría por hacer una distinción entre la política y el actuar de los políticos, porque si no estaríamos entrando a juzgar la naturaleza de una actividad concebida para fortalecer la convivencia entre los seres humanos, lo que es un buen propósito. Ahora, también podemos afirmar que hay políticos que con su actuar impactan negativamente en la percepción final de la sociedad, eso es innegable”.
 

En este contexto de crisis que está viviendo el mundo, es de raigambre ética, entendiéndola como un peldaño superior que está por encima del hecho político, tampoco es de naturaleza económica.

Las debilidades de los sistemas democráticos nos impiden entrar en conversaciones imprescindibles justamente para fortalecer sus cimientos y crear estructuras que puedan sostenerse en un plano ético, independientemente de las coyunturas políticas y partidarias que se instalan en el poder de los estados para administrar la cosa pública.


Continúa Vera Gil en un intento de echar luz sobre nuestras responsabilidades políticas y ciudadanas diciendo que: “¿Cómo nos atrevemos a echarle la culpa a los políticos que nosotros mismos hemos elegido? Y si han actuado fuera de nuestras expectativas ¿No representan acaso los valores de la sociedad en la que vivimos hoy? Esto más bien nos debe llevar a revisar cuáles son los valores de la sociedad en la que estamos hoy, ya que al parecer no están calzando con nuestras actuales expectativas de vida”.

 

Es por ello que necesitamos aggiornar nuestra brújula ética. Trabajar para que ese descontento social sea canalizado de manera que quienes decidan representarnos sean el resultado de nuevos mecanismos de representación política que reemplacen las anquilosadas y mezquinas estructuras partidarias como únicos artefactos de representatividad social para el acceso al poder elegido por la ciudadanía.

 

Para ello se necesita la presencia de nuevas generaciones que recuperen la vocación política impulsada por el servicio público, que dinamicen, que pragmaticen las acciones orientadas a la resolución efectiva de las demandas sociales de un modo sustentable sobre una ética de la convivencia.

 

El coach Juan Vera Gil con la intención de poner en valor nuevamente la acción política: “Falta resignificar y revalorizar la política y eso es lo que se reclama desde la indignación y el descontento. Sin embargo algunos políticos ponen más énfasis en buscar qué aparatos mueven los hilos de estas movilizaciones, qué oscuros enemigos, sin poder salir de un paradigma que es precisamente el que los movilizados quieren erradicar”. En vez de trabajar para lograr una mayor cercanía, una mayor conexión con lo que está pasando en la sociedad.

El abuso de los resortes de la función pública y la connivencia con el mundo privado ha construido una maquinaria de prebendas donde terminan siendo beneficiados tanto los líderes empresariales como los funcionarios de turno, a esta altura no es relevante resaltar de qué partido o de cual país son. Es una pandemia que se extiende por todo el mundo, solo que no tienen los mismos castigos dependiendo de la cultura donde se practica.

Por tal motivo, la brújula debe incorporar nuevos instrumentales que permita y facilite fortalecer los mecanismos de participación ciudadana y una mayor fiscalización de los actos públicos que inhiba a quienes deciden acceder a la función pública desistan del privilegio individual por el beneficio colectivo.

 

La brújula ética nos dará un norte más equitativo y justo para una sociedad que espera vivir en condiciones de encuentro y prosperidad para todos.