Las situaciones cada vez más complejas que se presentan en las organizaciones educativas han generado un clima sensiblemente difícil de resolver teniendo en cuenta la multiplicidad de variables con las que se tienen que enfrentar los docentes. Violencia escolar, conflictos intrainstitucionales, relaciones con la comunidad son algunos de las situaciones que requieren de una especialización al momento de establecer los procesos comunicacionales.

Este entorno enrarecido, provoca la creación de estados emocionales indeseados que nos llevan a expresarnos a través de agresiones o abusos de poder, o al menos así son percibidos por los demás, aunque no sea nuestra intencionalidad manifiesta.

La utilización inadecuada del lenguaje, la manifestación de estados emocionales exacerbados y, en algunos casos, hasta la agresión física son el resultado de no contar con los recursos necesarios para llevar equilibradamente situaciones que requieren de una cierta especialización en el acto de comunicar.

Desde esta perspectiva, la comunicación asertiva –entendida como la capacidad de expresar necesidades y opiniones sin agredir ni ser agredido y generando acciones que lleven a resultados efectivos- se constituye en esencia como la herramienta estratégica para los procesos de redefinición de las relaciones de la organización con el entorno, la interacción con sus públicos tanto internos como externos, la construcción de la identidad escolar y su incidencia en la imagen generada en los distintos actores de la comunidad educativa.

Cuando pensamos que "saber hablar", es sinónimo de "saber conversar", o que el sólo hecho de tener la capacidad biológica de oír, implica que sabemos "escuchar a otra persona", estamos restringiendo nuestra concepción de la práctica conversacional. Aprender a comunicarnos asertivamente no tiene que ver sólo con aprender una técnica, un procedimiento, ni un vocabulario. Es un proceso mucho más complejo donde intervienen elementos como la atención, la confianza, el respeto, los valores, las creencias, las emociones, las necesidades, los deseos y todo lo que expresamos a través de nuestro cuerpo.

Las conversaciones, además de tener el poder de describir la realidad, pueden transformarla. En las conversaciones que mantenemos a diario, momento a momento, damos sentido a nuestra existencia y al mundo que nos rodea. No sólo lo describimos, sino que definimos su significado y lo que es posible en nuestro presente y futuro. La forma en que nos comunicamos determina los límites de nuestro desempeño y los niveles de efectividad que alcanzamos.

Comunicarnos con asertividad con los demás, es el medio más poderoso con el que contamos para construir relaciones, oportunidades, confianza, efectividad, respeto y bienestar. La comunicación es la base en la que se forja la convivencia y una necesidad humana tan esencial como el descanso o la comida. Por ello, el desarrollo de nuestras competencias conversacionales puede traer a nuestra vida una mayor efectividad y felicidad. Aprender a comunicarnos, a escuchar al otro, a diseñar conversaciones más efectivas, son competencias cada vez más necesarias, tanto en el ámbito personal, como en el profesional y escolar.

Para fortalecer estas conversaciones, el coaching en la educación es una herramienta oportuna que contiene los recursos necesarios para alcanzar resultados diferenciadores en la práctica educativa, los invitamos a compartirla. Muchas gracias.